Luciano Valle Acevedo: EL “FOCO” ES LA POLÍTICA Y LA DEMOCRACIA.

 

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Luciano Valle Acevedo. Cientista Político.

No es extraño encontrar en publicaciones del Banco Mundial,  del FMI y otros organismos de esa naturaleza trabajos  que tratan sobre la necesidad de cuidar las buenas prácticas empresariales así como el respeto a la ética y transparencia  de los mercados atendiendo a la trascendencia que tales mecanismos tienen para las sociedades, personas e instituciones. Es más, en el discurso general, con distintos  énfasis, se asocia su rol como al de un elemento consubstancial a la democracia misma.

 El llamado caso PENTA sumado a las colusiones de farmacias, el cartel de los pollos, la Polar, el caso cascadas y otros constituyen ilícitos graves en lo legal, lo ético y lo moral. Dañan  principios fundamentales del derecho como el de la Buena FE y el de Prohibición del Enriquecimiento Ilícito, y sus efectos en la confianza pública, en el debilitamiento de las instituciones y  en  el costo y valor de las transacciones. Desde el punto de vista de quienes valoran el mercado,  y asocian su correcto desempeño a la democracia, quienes cometen los mencionados ilícitos no son solo inescrupulosos y deshonestos cuyas prácticas constituyen “acciones u omisiones, típicas, antijurídicas y culpables” de acuerdo a la definición de delito, sino que además son esencialmente antidemocráticos.

Lo de PENTA agudiza y complejiza más aún la naturaleza antidemocrática e inmoral de las prácticas comentadas porque  que evidencia una directa y mañosa  relación de las mismas con políticos determinados y proyecta las irregularidades e ilegalidades al plano del quehacer político. Ello  contribuye de manera directa a generar distorsiones en el ejercicio de la  propia soberanía popular que -como pilar fundamental de todo régimen democrático- constituye sin dudas un bien público de mayor trascendencia y sustancialidad que los  mecanismos de mercado.

 La política, dada su dimensión sustantiva, se desenvuelve  en un  marco conceptual de valores y la democracia, como me recordaba un profesor amigo, no se concibe como “mercado político” puesto que su objetivo es relevar la idea de un espacio y forma de pensar en conjunto. Las   prácticas y conductas que se han conocido son, además de delictuales, expresivas del cinismo e hipocresía inherentes a una visión de mundo que consagra una mera relación instrumental entre medios y fines,   que desprecia la democracia y el valor de pensar en conjunto.

 De lo anterior deben hacerse cargo tanto la UDI como los “empresarios” involucrados. Pero el foco no es solo la UDI. Lo que debe importar son los impactos en la valoración de la  política porque  el debilitamiento de ella debilita la democracia y, con ello, los derechos, libertades e igualdad de las libertades. De esto debe hacerse cargo el conjunto del sistema político institucional.

 Llama la atención la relatividad ética y superficialidad con que algunos actores tratan estos temas y la carencia de contundencia en las respuestas sociales y jurídicas con que cuenta la sociedad y sus instituciones para sancionar delitos de esta naturaleza.  Una diputada de la UDI formalizada por fraude al fisco llegó a un acuerdo con la fiscalía y devolvió la cantidad de 30 millones que habían llegado a su cuenta ilícitamente. Por algo pagó. Pero ¿qué pasa con el daño de su actuar a la fe pública y a la convivencia social? ¿Podría ocurrir lo mismo  con las irregularidades detectadas en las asignaciones de fondos para Cultura, Deportes y Recreación   en la V Región?

 Lo que está en juego es el  valor esencial de la moralidad cívica y no solo la cuantía de la defraudación ya de por si despreciable.

 La democracia consiste esencialmente en el tratamiento público de nuestros problemas comunes y la función fundamental del debate político es relevar la voluntad política que subyace en la sociedad. Corresponde, por tanto, a los ciudadanos y al conjunto del entramado político e institucional asumir la responsabilidad de generar contenciones y sanciones sólidas en lo penal y en lo social para quienes traicionan los pilares de la  convivencia ciudadana, la cohesión social y la democracia misma.